
Traslación:
Reyna Calel and Joseph Bamat
Colombia es
un país conocido por su majestuosa belleza, abundante
biodiversidad y extensas selvas tropicales, por lo cual
algunas personas llaman a la región "los pulmones
del planeta." A estos esplendores visuales se suma
aquello que se encuentra debajo de la superficie. Además
de sus aclamados depósitos de oro, cobre, y plata,
Colombia contiene una de las más grandes y conocidas
reservas de petróleo de nuestro hemisferio, y es uno de
los principales proveedores de petróleo dite los Estados
Unidos. En contraste con lo que parecería un paraíso
natural está la mala fama de ser designado como uno de
los países más violentos del mundo.

Visión
General:
Mi viaje a Colombia en el 2001 tenía dos propósitos.
Primero quería entender mejor, y ver con mis propios
ojos, los efectos de la campaña de fumigación
patrocinada por los EE.UU. en la región de Putumayo. En
segundo lugar, quería ser testigo de la violencia
perpetuada por el ejercito colombiano y los grupos
paramilitares (Autodefensas Unidas de Colombia, AUC), --
quienes actúan con completa impunidad y en conjunto, con
el fin de inculcar terror en el pueblo. Bajo la Sección
219 de la ley de Inmigración y Nacionalidad de los
EE.UU. se ha designado a la UAC como organización
terrorista extranjera. Se informa que este grupo es
culpable del setenta por ciento de las masacres que han
ocurrido en Colombia en las décadas recientes, y la
organización Amnistía Internacional ha declarado que
"paramilitares [fueron] responsables de la inmensa
mayoría de asesinatos políticos en Colombia durante los
últimos años."
Más de 10.000 soldados colombianos han recibido
entrenamiento en la
Escuela de las Américas (SOA), la cual fue renombrada el
Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación
en Seguridad (WHINSEC), en 2001. Convenientemente, el
gobierno de los EE.UU. se niega a vigilar las actividades
posteriores de sus graduados. Tampoco aceptan la
responsabilidad por haber seleccionado conocidos
abusadores de derechos humanos, traficantes de drogas, y
líderes de escuadrones de muerte para recibir formación
en bases militares estadounidenses, y que los mismos sean
culpables de haber cometido algunas de las peores
violaciones de los derechos humanos en nuestro
hemisferio.

El plan de fumigación
patrocinado por los EE.UU. forma parte de una campaña
para combatir las drogas, y fue desarrollado por el
gobierno colombiano dentro de un programa multimillonario
de asistencia con el propósito de lidiar con varios de
los factores socioeconómicos que afligen al país. El
apoderamiento de esta campaña contra las drogas por
parte de los EEUU transformó lo que debía ser un
programa de asistencia estatal para la "paz,
prosperidad, y refuerzo del estado," en una
multibillonaria "Guerra Contra las Drogas"
financiada por los Estados Unidos. La mayor parte del
dinero - inicialmente $1.3 mil millones, pero ahora
calculado sobre esa suma - ha sido cobrado por
corporaciones estadounidenses, productoras de químicos y
armas. Estas corporaciones cobran por capacitación
militar, helicópteros, y por productos de fumigación y
combate. Para Colombia, esta campaña ha sido una guerra
contra su ecosistema, sus cultivos y bosques, que ha
deteriorado aún más sus posibilidades de subsistencia.
También ha creado una crisis ambiental y de salud
social, con consecuencias desastrosas a largo plazo. La
asistencia financiera estadounidense redirigida hacia la
compra de armas solo ha propagado una guerra civil que
continua después de cuatro décadas. Miles de millones
de dólares en impuestos, pagados por ciudadanos
estadounidenses, han sido utilizados para apoyar la
"Guerra Contra las Drogas"; los resultados para
Colombia han sido destrucción y desestabilización,
mientras que en los Estados Unidos no se ha visto ninguna
disminución en la cantidad de cocaína en circulación y
poco cambio en su precio de mercado. En vez de utilizar
esos mil millones de dólares para salvar vidas en
programas que ayuden a individuos a terminar con su
adicción a la cocaína y disminuir la demanda de la
droga, los Estados Unidos -con demasiada frecuencia
adicto a la guerra y a demostrar su abusivo poder - ha
optado por aumentar las penas punición para adictos en
su territorio, mientras que sus políticas continúan
desplazando, matando y mutilando decenas de miles de
víctimas por toda Colombia.
Durante nuestra visita a Colombia nos reunimos con
líderes de comunidades, entre ellos representantes de
varios grupos indígenas de la región de Putumayo (el
punto de enfoque del Plan Colombia), líderes religiosos,
funcionarios colombianos, e inclusive el vicepresidente,
líderes militares, el director de la Alta Comisión en
Derechos Humanos de la ONU, y la embajadora de EE.UU.
[Muchas de las cifras y el análisis en este artículo
son resultado de nuestras reuniones y los documentos que
nos fueron presentados por los individuos citados. Datos
que también fueron recibidos del Center for
International Policy con sede en Washington, DC]
Consecuencias
para la Salud Social y el Medioambiente: Durante nuestras reuniones y
visitas a Putumayo, se nos hizo evidente que debido a la
forma indiscriminada de implementar las fumigaciones, no
son afectadas solamente las cosechas de coca (la materia
prima de la cocaína), sino que también se eliminan
plantas medicinales y cultivos alimenticios y las
reservas de agua se contaminan gravemente. El principal
componente utilizado en las fumigaciones es el herbicida
glyphosate, que también es el principal químico en la
herbicida Round-Up, vendida en los Estados Unidos en
cualquier supermercado, y producida y manufacturada por
la corporación química estadounidense Monsanto. Sobre
las botellas de Round-Up vendidas en los Estados Unidos
esta escrita la advertencia "Deje fuera del alcance
de los niños; Peligroso para humanos y para animales
domésticos; Prevenir que este producto entre en contacto
con ojos o ropa; Riesgos para el medioambiente: No
aplique este producto directamente en el agua; Nunca
vaciar este producto en ningún lavabo" y también
"Importante: No utilice sobre plantas y céspedes
que le gustan -estos también pueden morir".
En Colombia este herbicida es
utilizado en una versión altamente concentrada
(frecuentemente llamado Round-Up Ultra) que es un 25 por
ciento más concentrado, y en consecuencia de mayor
toxicidad que su predecesor Round-Up). El producto es
combinado con surfactantes y otros químicos (como POEA y
Cosmoflux 411F) para mayor efectividad y adhesión a las
plantaciones de coca, y cualquier otra cosa con la cual
entra en contacto -como ganado, pájaros, cultivos
alimenticios, ojos y la piel. Hasta el presente la
Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. no ha
investigado o aprobado la combinación química que se
esta fumigando sobre Colombia, pero sí ha dicho que
productos hechos a base de glyphosate, así como
Round-Up, pueden causar vomito, inflamación de los
pulmones, pulmonía, confusión mental y daño a la piel.
A pesar de estos conocimientos, y las propias
recomendaciones de Monsanto sobre su producto, el cual no
debe ser aplicado desde más allá de diez metros de
altura, los Estados Unidos ha seguido peligrosamente
afirmando que Round-Up Ultra puede ser aplicado con
seguridad por fumigadores sobre vastas áreas de
Colombia. Sin ofrecer ninguna medida de precaución a las
poblaciones, que son expuestas sin conocimiento durante
las fumigaciones, los EE.UU. sigue rechazando las
investigaciones que demuestran que este programa pone
seriamente en jaque la salud del pueblo colombiano y
devasta su medioambiente.

"Daños
Colaterales": La Legislación Colombiana 0005
del 2000, que regula fumigaciones, declara que estas
serán solamente aplicadas a plantaciones de coca que
excedan las dos hectáreas, y que "la aplicación de
químicos agrícolas en zonas rurales no pueden ser
realizadas en menos de diez metros por tierra, y menos de
cien metros por cielo como frontera de seguridad en
relación a reservas de agua, vías terrestres, y
núcleos de poblaciones humanas o animales, o en
cualquier otra área que requiera protección
especial". En 2002, la embajadora estadounidense
Patterson declaró "Ya no existe ninguna diferencia
entre cultivos 'pequeños' e 'industriales'. Si cultivas
coca, la policía colombiana la fumigará". Este
cambio de política y la indiscriminada forma de su
aplicación se nos hizo evidente al visitar numerosos
cultivos alimenticios que habían sido fumigados. Los
amontonados plátanos podridos en un campo eran evidencia
de la devastación producida por un solo riego aéreo.
"¿Ahora cómo daré de comer a mis hijos?
preguntaba un campesino mientras intentaba comprender la
destrucción a su alrededor. No solo habían destruido su
cultivo y su única fuente de ingresos, además nos
pedía que examinemos sus inflamados y húmedos ojos que
también fueron expuestos, y gravemente dañados por la
fumigación. El campesino añadió que "no sabía
que la nube del avión envenenaría a mi familia y
destruiría mi cosecha." Otra mujer, cuyos hermanos
fueron asesinados por paramilitares nos contó, "Los
narcotraficantes plantan su coca al lado de nuestros
cultivos de comida, y no hay nada que podamos hacer;
vemos como nuestras cosechas también son destruidas por
la fumigación. Y cuando alzamos nuestra voz contra la
injusticia nos matan."
El riego indiscriminado sobre millares de hectáreas,
ignorando la existencia de escuelas, hogares, reservas de
agua potable, cosechas y ganado, también se extendió a
ciertas urbes. En La Hormiga, ciudad localizada a treinta
millas de la capital comercial de Putumayo, Puerto Asís,
sus residentes nos contaron que incluso la ciudad había
sido fumigada en varias ocasiones. También afirmaron que
no hubo ninguna advertencia sobre los efectos cáusticos
de los químicos, que deben refugiarse dentro de sus
casas durante estos episodios, y que no deben permitir
que su piel o ropas entren en contacto con la vegetación
afectada.
La negligencia asociada con la campaña de fumigación no
sólo ha tenido desastrosas consecuencias ecológicas y
de salud para la región, sino que también se ha
presenciado un incremento en el cultivo de coca. En 2002,
la CIA divulgó que la producción de coca había
aumentado en un 25 por ciento después de la
introducción del Plan Colombia en el 2000. Aunque la
producción disminuyó levemente en 2003 y 2004, hubo un
aumento drástico durante 2005, con más de 144.000
hectáreas cultivadas de coca. A pesar de algunos logros
publicados por parte del gobierno, la dura realidad es
que la producción de coca sigue siendo perceptiblemente
mayor hoy en día; hace diez años el cultivo en Colombia
llegaba a 57.000 hectáreas. En un reporte titulado
"Evaluación Nacional sobre la Amenaza de Drogas del
2006", la Agencia de Combate contra Drogas (DEA, sus
siglas en inglés) admitió que las "fuentes de
cocaína parecen ser lo suficientemente estables como
para cumplir con la demanda doméstica actual, a pesar de
niveles record en la incautación [de drogas] y de la
pensada declinación en la producción mundial publicada
durante los últimos años."
El Ministerio de Relaciones
Exteriores de Colombia indica que casi treinta por ciento
de la anual deforestación en Colombia se debe a la
campaña de fumigación. Generalmente treinta hectáreas
de territorio son fumigadas para acabar con solo una de
verdadera coca. Narcotraficantes arrasan dos hectáreas
de bosque para compensar cada hectárea perdida a las
fumigaciones. Muchos campesinos cuyas cosechas de
alimentos también caen victima de las fumigaciones se
ven obligados a quemar nuevo bosque para sustituir sus
campos destruidos. Dado estos hechos no es difícil
entender el grado de destrucción que se ha desarrollado.
En total 2.600 millas cuadradas (la suma de las áreas
cuadradas de los estados de Delaware y de Rhode Island es
2.995) se han fumigado con Round-Up Ultra, pero la
cantidad total de terrenos utilizados para el cultivo de
coca casi no ha cambiado en toda la región andina. De
acuerdo a estimaciones del gobierno de los EE.UU. 198.455
hectáreas fueron cultivadas en el 2000 entre Perú,
Bolivia y Colombia; En 2005 208.500 hectáreas de la coca
fueron cultivadas.
Inteligentes estrategias de negocio mantienen al producto
en circulación: simples principios económicos y la
conocida historia de Colombia, Vietnam, Afganistán y de
otros países productores de materias primas, demuestran
que en donde existe una demanda, especialmente si es una
droga ilícita, siempre existirá quienes encuentren la
manera de producirla en masa y de ganar enormes fortunas
con ella. Irónicamente, mientras que los EE.UU. es el
consumidor más grande de cocaína, hay poca evidencia
que los Colombianos abusan de la droga.
Una
Perspectiva Diferente: Imaginemos que el panorama fuese
invertido y que los colombianos (quiénes antes del Plan
Colombia tenían permitido sembrar pequeños lotes de
coca para uso medicinal personal), decidieran enviar
aviones, mercenarios, y buques de guerra a los Estados
Unidos. Su declarado propósito es rociar herbicidas
cáusticos sobre miles de kilómetros de tierra soberana
con el fin de erradicar peyote, y otras plantas que
contienen dimethyltryptamine o harmine que pueden ser
utilizadas para producir drogas psicodélicas, tales como
el LSD y mezcalina. Aunque los EE.UU. no regula o
prohíbe estas plantas, por esta perspectiva diferente,
digamos que los colombianos tienen una fuerte adicción a
drogas psicodélicas derivadas de ellas. El gobierno
colombiano por lo tanto decide absolutamente
imprescindible el emprender una "guerra" para
erradicar estas plantas. También anuncian que el
producto químico que será utilizando en las
fumigaciones no ha sido aprobado por la entidad federal que regula el consumo de
alimentos y drogas, y aunque se asemeja a un herbicida de
supermercado en realidad es considerablemente más
potente y tóxico debido a los agentes biológicos y
químicos agregados a la mezcla. Aunque se prohíbe su
uso cerca de reservas de agua o su aplicación por
pequeños aviones fumigadores, aseguran que utilizarán
imágenes de satélite y GPS para acertar sobre sus
blancos. Y para demostrar la efectividad de esta avanzada
tecnología invitarán a una delegación de importantes
funcionarios y miembros del Congreso de los Estados
Unidos para atestiguar su aplicación. Mismo si los
vientos se alzan ese día y acaban por bañar a los
delegados con los químicos (esto realmente sucedió),
los colombianos creen que las consecuencias ambientales y
a la salud, como la inflamación de pulmones y daño a la
piel, valen el riesgo de la campaña. Además, y puesto
que la campaña arrasará con la fauna, ganado, reservas
de agua, y cultivos alimenticios de dos estados de los
EE.UU., Colombia reembolsará a un selecto grupo de
individuos con $1000 cada uno para compensar sus
pérdidas. La mayoría de ciudadanos de los Estados
Unidos y miembros del Congreso admitirían que es más
probable que cerdos aprenden a volar antes de que este
panorama fuera permitido por los EE.UU. -pero esto es
precisamente lo qué ha sucedido en Colombia.
Reconstituyendo
los Cárteles: Los medios por los cuales los
gobiernos han elegido combatir la producción de la coca
son reconocidos como irresponsables y mal calculados;
como un comportamiento sin reflexión, ignorando las
consecuencias negativas de corto y largo plazo para el
medioambiente y para la salud. Entre 1994 y 1998 fue
divulgado que aproximadamente 45.500 hectáreas de coca
eran cultivadas en Colombia. En un intento de erradicar
estas cosechas, más de 140.800 hectáreas fueron
seleccionadas para fumigación. Debido a la forma
indiscriminada de la campaña y la naturaleza
imprevisible de los vientos, no sólo fueron atacados los
cultivos de coca, sino también cultivos alimenticios y
selvas tropicales de la región.
Durante los años setenta y ochenta, el Cártel de
Medellín era el primer cultivador de coca en toda la
región andina. A medida que la coca era buscada y
erradicada en Perú y Bolivia, el cártel comenzó a
mover parte de su producción hacia Colombia. En ese
tiempo los EE.UU. gastaba millones de dólares para
acabar con el Cártel de Medellín. Cuando finalmente lo
lograron, hubo una precipitada redistribución y
descentralización del poder que emergió entre otros
narcotraficantes, así como una rápida expansión entre
los rangos de los grupos paramilitares. Pero las
repercusiones se extendieron mucho más lejos. Con el fin
de aumentar sus números, su influencia y bienes, los
grupos paramilitares, aprovecharon el derrumbamiento de
los cárteles para tomar control del tráfico de drogas,
e incrementó la producción de coca en un índice sobre
100 por ciento. Ya para 1999 más de 120.000 hectáreas
de coca eran cultivadas en Colombia. Por medio de su
acercamiento y colaboración con otros narcotraficantes,
y el apoyo recibido por el ejercito colombiano y la
élite social del país, sus números crecieron
rápidamente, desde 4.000 en 1995, hasta más de 8.000
integrantes en 2001. En 2005 sus números fueron
estimados sobre los 20.000.

El tráfico de coca es un negocio gordo para muchos
grupos. Mientras que las fuerzas paramilitares reciben la
mayoría de su financiamiento a través de la
cultivación y tráfico de cocaína, varios grupos de
guerrilla (FARC y ELN son los más reconocidos y también
citados como "organizaciones terroristas
extranjeras" por los EE.UU.) se benefician
especialmente de los impuestos cobrados sobre los
cultivos de coca, y en un grado menor están investidos
en su producción y tráfico. Mientras que los
paramilitares son responsables por la mayoría de las
masacres, la mayoría de los secuestros se atribuyen a la
guerrilla. En los años siguientes a su fundación los
grupos de guerrilla reclamaron reformas sociales que
beneficiaban a los pobres y marginados (el ochenta por
ciento de colombianos viven cerca de o en la pobreza
absoluta). Pero hoy en día, con ataques más frecuentes
contra civiles, la guerrilla parece estar centrada
esencialmente en combatir a su enemigo, y no tanto en
producir reformas. A pesar de estos hechos, algunos
continúan argumentando que la guerrilla, metidos en una
batalla de cuatro décadas contra paramilitares de
derecha, están luchando simplemente por su supervivencia
y contra un enemigo despiadado. Argumentan que sin la
guerrilla no existiría ninguna oposición al robo y
explotación de recursos naturales que ya está
ocurriendo.

Los grupos paramilitares se han convertido en un equipo
centralizado "para combatir la subversión," y
de ello viene su nombre: "Autodefensas Unidas de
Colombia," con Carlos Castaño como su líder
(aunque no es seguro si esta escondido o si murió en
2004). Los paramilitares apoyan un sistema
político-económico controlado por la élite rica cuyos
intereses son promovidos, junto con los de los EE.UU. y
las multinacionales, por la explotación y el control de
los pobres y de los recursos naturales del país. No es
ninguna sorpresa que muchas de las regiones más
afectadas por las fumigaciones son regiones donde la
guerrilla tiene una presencia fuerte - en este contexto
el uso del producto químico refleja las tácticas
utilizadas en Vietnam - deshojar los territorios de modo
que los rebeldes no los puedan ocupar con seguridad.
También es de interés correlacionar las regiones que
reciben los riegos químicos más intensos con la
presencia de reservas de crudo y otros recursos
naturales. De manera que las tierras se hacen
inhabitables a causa de fumigaciones, y la oposición
desaparece, las corporaciones, que a menudo contratan a
los paramilitares para su seguridad, pueden controlar y
explotar la tierra con toda libertad.
La industria de la coca no es
solamente buen negocio para abusadores domésticos,
también proporciona millones de dólares a corporaciones
estadounidenses y multinacionales quienes saben explotar
la "Guerra Contra las Drogas." Por ejemplo, de
los $27 millones gastados entre 1994- '98 en una campaña
de erradicación, $20 millones fueron directamente a la
corporación Monsanto. Debido a que esta campaña fue tan
ineficaz--los EE.UU. culpó a las lluvias excesivas de
las regiones-decidieron aumentar la cantidad de
glyphosate y aumentar aditivos como
"Cosmo-Flux." Este agente incrementa
substancialmente la actividad biológica de los
agroquímicos y se está agregando cinco veces más de la
dosificación recomendada. El efecto de este agente y de
químicos similares es catastrófico para la ecología de
las selvas tropicales, para su fauna y flora acuática y
terrestre, así como para las poblaciones que ya son
bombardeadas continuamente por las fumigaciones. Una
estimación sobria pone el coste de fumigar 1 milla
cuadrada en $167.000. Uno puede imaginar los beneficios
de invertir esta misma cantidad en proyectos de
agricultura alternativa y programas de rehabilitación
para drogadictos.

El resultado final de esta fallida campaña erradicación
que comenzó con un presupuesto de $1.3 mil millones es
que solamente 1% de ese monto se ha destinado al proceso
de paz, que fue el enfoque del Plan Colombia
originalmente desarrollado por el gobierno colombiano.
Más del ochenta por ciento de los casi 5 mil millones de
dólares asignados a Colombia desde el año 2000 han ido
al ejercito y a la policía del país. Esta suma coloca a
Colombia en el numero 5 dentro de los países que reciben
asistencia militar estadounidense y otro tipo de ayuda en
el mundo - Irak los empujó recientemente debajo de su
puesto en el cuarto lugar.
Agenda
Oculta:
En realidad, corporaciones estadounidenses productoras de
armas y químicos son las grandes benefactoras de mucha
de esta asistencia financiera. Los grandes ganadores en
la lista son United Technologies, Sikorsky y Textron,
quienes producen los helicópteros Hueys y Blackhawk,
mientras que Northrop ha proveído aviones de espionaje.
Otras compañías, tales como Rockwell y Lockheed Martin
se están beneficiando de la venta de sistemas de
vigilancia y radar; y las corporaciones de mercenarios,
incluyendo Military Professional Resources, Inc (MPRI) que recibió más de $4.3
millones en 2001, y DynCorp que ha enviado numerosos
mercenarios, muchos de ellos ex-militares, y otros
"contratistas privados." Este sistema de
subcontratación permite que los EE.UU. aumente el
número de "personal" armado sin entrar en
violación con el acto de autorización del Departamento
de Defensa de los Estados Unidos, o de declarar
oficialmente una guerra contra Colombia. Estas entidades
son tan influyentes que algunos colombianos las
compararon a un segundo gobierno dentro del país, que
compite por el poder, y mientras tanto, emprende una
guerra biológica apuntada a los civiles, y que ya casi
tiene a Colombia de rodillas.
Un documento del Pentágono fechado en 1997, indicó que
la misión del ejercito estadounidense es "proteger
intereses e inversiones de los EE.UU." Un objetivo
oculto de la intervención de los EE.UU. con la
"Guerra Contra la Droga" es adquirir y mantener
el control de la vasta cantidad de recursos naturales de
Colombia, tal como el oro, la plata y el cobre, así como
las grandes extensiones de petróleo. El país está
entre los diez más grandes proveedores de crudo para los
EE.UU., y tiene miles de millones de barriles de
conocidas y potenciales reservas.

Incluso hoy, mientras que numerosos informes demuestran
la ineficiencia de las campañas de fumigación, los
Estados Unidos continúa presionando a colombianos hasta
la sumisión. Como un abusivo miembro de la familia el
"tío Sam" siempre esta cerca, manipulando a
los otros, explotando todos los recursos hasta que, como
ha pasado en tantos otros países, exista poca esperanza
de restablecer un equilibrio--de adquirir una paz
verdadera.
No sorprende que el enfoque de Plan Colombia y de las
fumigaciones no sean las áreas controladas por los
paramilitares, sino más bien aquellas áreas ocupadas
por la guerrilla. Muchos creen que la agenda ocultada del
gobierno de los EE.UU. no es exactamente la "Guerra
Contra las Drogas," sino, como se indica en el
informe del Pentágono, asegurar los intereses e
inversiones de las corporaciones estadounidenses y
multinacionales. Para alcanzar esta visión han forjado
lazos y apoyado a sanguinarios terroristas. Con la ayuda
de los EE.UU. los paramilitares actúan con impunidad
completa y sin ningún respeto por la vida humana.
Eliminando la cláusula de los derechos humanos en el
Plan Colombia, evadiendo la enmienda de Leahy, y
demostrando una verdadera indiferencia por el bienestar
del pueblo colombiano, el presidente Clinton -- y el
ahora presidente Bush -- son cómplices no de un aislado
asesinato, sino de genocidio.

Víctimas
Inocentes:
Tan pronto llegué a Putumayo presentía una misteriosa
presencia alrededor de mí. No provenía de las numerosas
instalaciones militares, ni de las miradas fijas de los
incontables soldados protegiéndolas. No, el sonido más
escalofriante que oí en el Putumayo--esta región
majestuosa amazónica que bordea Perú y Ecuador--era el
silencio. De vez en cuando el silencio era interrumpido
por ladridos de perros callejeros que se perseguían, o
por la bulla de una carreta jalada por un caballo. Aparte
de éstos, los únicos animales que vi eran las víctimas
de las fumigaciones: un buey muerto tirado al lado de un
barranco, pescados flotando en el río Guamuez, y dos
solitarios y esqueléticos monos sentados en un árbol de
poca vegetación. De hecho, el único lugar que vi o
escuche pájaros fue en una pista de aterrizaje militar,
donde aguardamos la llegada de nuestro helicóptero.
Mientras intentaba enfocar el lente de mi cámara
fotográfica sobre un pájaro colorido sentado en un
cable, el silencio fue interrumpido por el violento rugir
de varios aviones que se acercaban desde una buena
distancia. Distraída, di vuelta y puse atención a los
cuatro aviones que volaban en formación y
atravesaban nubes. "¡Ésos son los
fumigadores!" clamaba uno de los hombres que nos
acompañaba. Algunos segundos después intenté encontrar
el pájaro nuevamente- pero se había ido. En ese momento
pensé ¿Cuántos pájaros tomarán vuelo este día solo
para toparse con una cortina de productos químicos,
cuántos niños involuntariamente sentirán esa lluvia
tóxica mientras juegan en el patio de la escuela,
cuántas madres sin saber bañarán a sus bebés con agua
nociva, y cuántas campesinos irán a cosechar sus
cultivos alimenticios solo para encontrarlos en ruina?
Desde
2001, grupos defensores de los derechos humanos han
reportado un súbito aumento en enfermedades
respiratorias entre niños y ancianos, así como un
aumento alarmante de varios tipos de cáncer y de
deformidades genéticas entre niños de familias sin
antecedentes similares. Problemas oculares entre los
campesinos e indígenas continúan multiplicándose, y
algunos nos mostraron lesiones en su piel, el resultado
de ser directamente expuestos a las fumigaciones. El Dr.
Francisco José Ruiz, quien trabajó para el Ministerio
de Medio Ambiente de Colombia y quien supervisaba el impacto
del gasto público en las fumigaciones, indicó que hasta
esa fecha no se había hecho ningún estudio sobre la
relación entre las fumigaciones y las aflicciones de la
salud que se están desarrollando. "Es una
negligencia absoluta" indicó Ruiz.
Es increíble pensar de que después de todo lo aprendido
en los EE.UU. sobre el uso de DDT y de otros tóxicos
ambientales no se cuestione la producción, la
investigación, la fabricación, o la distribución de un
producto tal como glyphosate. Irónicamente es el mismo
Monsanto (el productor del glyphosate) que en respuesta a
la publicación del libro Primavera de Silencio de Rachel
Carson (quien primero trajo la atención sobre los
efectos deletéreos del DDT) publicó El Año Solitario--
una parodia sobre una plaga de insectos que arrasa con un
imaginado Estados Unidos y que ha suprimido el uso de
DDT. Fue el mismo Monsanto quien durante la guerra de
Vietnam produjo el "agente naranja" para las
fuerzas aéreas de los EE.UU. Exactamente como en
Colombia, un mortal herbicida fue regado sobre las selvas
y granjas, deshojando y matando árboles, destruyendo
cosechas, y contaminando la tierra para las próximas
generaciones. Desde entonces, se calcula que más de
500.000 bebés en Vietnam han nacido con deformidades
debidas al Dioxina, y por lo menos $180 millones se han
pagado en remuneraciones a los veteranos estadounidenses
de esa guerra y a sus familias, por haber sido afectados
por el veneno. Como en Vietnam, estas fumigaciones son de
hecho, una guerra biológica.
El
Precio de la Coca: Durante una reunión con el Dr.
Gonzalo de Francisco, quien dirigió la campaña de
fumigación en Colombia, expresamos nuestras
preocupaciones por los graves problemas de salud que los
campesinos y la gente indígena en el Putumayo están
sufriendo a causa de las fumigaciones. El Dr. Francisco ignoró nuestras
preocupaciones, y intentó redirigir la culpa hacia una
supuesta ignorancia de los campesinos. Este sugería que
los problemas de salud probablemente provenían del mal
uso de los pesticidas que los campesinos aplican a sus
cosechas. Esta declaración paternalista y ofensiva de
Francisco no explicaba cómo o porqué la gente indígena
y sus hijos, quienes nunca manejan o tienen contacto con
pesticidas, sufren de las mismas dolencias que los
agricultores.
Durante nuestra visita a La Hormiga también vimos los
efectos del glyphosate sobre cultivos alimenticios. Las
fumigaciones habían diezmado cosechas de básica
subsistencia como yuca, maíz y plátano; mientras que
campos adyacentes de coca no sólo sobrevivieron el
riego, sino prosperaban. Incluso árboles de goma que
eran parte de un programa estatal de "Cosechas
Alternativas" no sobrevivieron. Después de cinco
años de cuidadoso labor, las fumigaciones, supuestamente
previstas para las cosechas de la coca, destruyeron a los
árboles junto con los múltiples cultivos alimenticios.
No semejante a la mayor parte de la vegetación de la
región y de sus finos suelos nutritivos, que son
altamente susceptibles al Round-Up Ultra, la planta de la
coca es absolutamente resistente y se adaptada
fácilmente a los ambientes ásperos. Como una mala
hierba, puede crecer bajo condiciones ambientales
extremas. Además, cosechadores de coca admitieron que
con frecuencia logran que se les advierta antes de una
fumigación, y así recogen las hojas de la coca podando
los arbustos, lo que también ayuda al crecimiento de la
planta.
Casi al final de nuestra
entrevista con Francisco, le entregamos centenares de
páginas de datos ofrecidos por los líderes de las
comunidades en el Putumayo. El informe documentaba las más
de 1.000 hectáreas de cultivos alimenticios que habían
sido diezmados y los centenares de animales, sobre todo
ganado, que habían sido matados por las fumigaciones.
Nuevamente procuró esquivar nuestros informes, indicando
que él había oído hablar de tales cuentos pero que
creía que eran grandes exageraciones. Pero este vez lo
enfrenté con verdadera documentación en video que
había filmado en el Putumayo. El vídeo claramente
mostraba el grado de devastación de los cultivos
alimenticios y de los bosques. Cuanto más presenciaba
las imágenes, más la verdad se revelaba ante sus ojos,
y menos podía defender su anterior punto de vista.
Obviamente chocado por lo que le había mostrado, nos
aseguró que él seriamente estudiaría la situación y
que los campesinos serían recompensados por sus
pérdidas. Tristemente, en los meses que siguieron
nuestra reunión con Francisco, recibimos noticias de los
residentes del Putumayo que ningún miembro del gobierno
los había contactado, o investigado los informes, y
ninguna remuneración había sido recibida.
Los
Paramilitares: Mucha gente que conocimos
contaron historias de horror; sobre secuestros, torturas
y masacres por parte de los paramilitares. Una mujer
perdió cuatro hermanos quienes fueron seleccionados y
asesinados por paramilitares porque habían reclamado
contra la violencia. También me mostraron las fotos de
una matanza por parte de paramilitares en las que se
veía cuerpos mutilados: las caras rotas, varias
degollaciones, y cuerpos abiertos y rellenos con
propaganda que aseguraba que vendrían más masacres si
la gente intentaba volver a sus hogares. Esta comunidad
no tenía ningún lazo con las fuerzas enemigas; los
paramilitares perpetuaron estos crímenes simplemente
para incitar terror y miedo, y para asegurar su poder en
la región.
Una y otra vez la gente del Putumayo confirmó que el
ejercito y los paramilitares son una fuerza unificada y
que actúan con total impunidad. Esto fue ilustrado con
la imagen de manos unidas, para demostrar que los dos
eran una fuerza enlazada e indistinguible. Incluso un
informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos de marzo de 2006 dice: la
"impunidad para el personal militar que colaboró
con los grupos paramilitares seguía siendo un
problema
Paramilitares cometieron varios asesinatos
políticos e ilícitos de funcionarios, defensores de
derechos humanos, líderes indígenas, líderes
sindicalistas, y a otra gente que amenazaba interferir
con sus actividades criminales, demostraba tendencias
izquierdistas, o era sospechada de colaborar con las
FARC".

Durante una reunión con el Dr. Alfonso Gómez Méndez,
el Procurador General de la República de Colombia en ese
entonces, nos expresó su frustración completa con el
sistema judicial de Colombia. Él ya había decretado
más de cuarenta autorizaciones para la detención de
Carlos Castaño (jefe de las fuerzas paramilitares).
Gómez dijo que él tenía poca fe que Castaño será
traído frente a la justicia algún día. Más tarde
encontramos al general Fernando Tapias, en ese entonces
comandante a cargo de todas las fuerzas armadas en
Colombia, y le preguntamos porqué Castaño todavía no
había sido tomado preso. Tapias indicó que Castaño es
difícil de seguir y agarrar, y que tiene el apoyo de su
propia milicia. A pesar de esta declaración, y después
de que le presenté con el reciente artículo del New
York Times, reconoció que él sabía exactamente dónde
vivía Castaño.
Terror
Cosechado en Tierra Propia: Mientras estaba en el Putumayo,
pudimos conseguir que se nos den una visita aérea de la
región en helicóptero militar. El General Montoya,
anterior instructor y graduado de la SOA, fue enviado
para acompañarnos. Montoya, entonces comandante de la
24ta brigada, era responsable de todas las actividades
militares en la región de Putumayo. Muchos informes
publicados, incluyendo los de Human Rights Watch, citan a
la 24ta brigada como responsable de
numerosos y atroces actos contra los derechos humanos.
También aprendimos que Montoya fue citado (en Terrorismo
De Estado En Colombia, 1992) por tener lazos directos con
el grupo paramilitar conocido como el AAA. Durante una
reunión con Anne Patterson, entonces embajadora de los
EE.UU. en Colombia, indicó que la 24ta brigada no podía
recibir fondos del Plan Colombia debido a los abusos de
derechos humanos asociados con la brigada. Ella
insistió, y con certeza absoluta, que ni dinero ni armas
de los EE.UU. caería en manos de esta brigada. En ese
instante compartí con ella que Montoya nos había
mostrado una presentación de diapositivas que
directamente contradecía sus palabras; esto fue
reconfirmado por el hecho de que Montoya estaba a cargo
de todas las fuerzas militares en la región de Putumayo
y podríamos ver que él usaba ropa militar y armas
emitidas por los Estados Unidos.
No sólo observamos personalmente
estas contradicciones a las declaraciones de la
embajadora, sino que Human Rights Watch solo unos pocos
meses antes de nuestra visita, publicó un informe
diciendo "los batallones colombianos anti-droga
creados con la ayuda militar y financiamiento de los
EE.UU., y entrenados por militares estadounidenses,
activamente cooperaron con la 24ta brigada" y que
"La 24ta brigada basadas en el Putumayo activamente
coordinan sus operaciones con paramilitares". Luego
el informe revela que oficiales a cargo de la brigada
"recibieron pagos regulares por los paramilitares
por su cooperación." A pesar de informes tales como
éstos, el General Montoya fue alzado al rango de jefe
del ejército colombiano en 2005.
Varios graduados de la SOA con relaciones directas con
los paramilitares son citados a lo largo del informe de
Human Rights Watch, de hecho, oficiales entrenados en la
SOA, quienes dirigieron cuatro brigadas militares
colombianas, incluyendo una unidad de
"inteligencia", fueron culpables de numerosas
atrocidades entre 1997 y 1999. Muchas desenfrenadas
matanzas bajo su comando fueron realizadas en
cooperación con paramilitares cuyas tácticas suelen
incluir tortura y la desmembración de cuerpos. En el
informe sobre derechos humanos previamente indicado y
titulado El Terrorismo de Estado en Colombia, 123 de los
247 oficiales militares colombianos citados por grandes violaciones
contra derechos humanos son egresados de la SOA. A pesar
del fuerte apoyo en el congreso de los EE.UU. en 1999 -
230 miembros votaron para cerrar la SOA - la escuela
continúa funcionando después de sobrevivir por apenas 1
voto en una reunión de comité entre la Cámara de
Diputados y el Senado.
Colombia es un país acribillado por la violencia, abusos
de los derechos humanos, y el tráfico de droga, y entre
tanto ha enviado dos veces más soldados para
entrenamiento en la Escuela de las Americas/WHINSEC que
cualquier otro país latinoamericano. Lo que pide una
indagación sobre cuanta responsabilidad los EE.UU. debe
asumir con respecto a los abusos de los derechos humanos
cometidos por sus graduados, y cómo el entrenamiento
incitó la guerra civil o potencialmente promovió el
movimiento fluido y continuo de cocaína a los EE.UU. y a
otros mercados. Hoy, Amnistía Internacional se une a
muchos de los miembros del Congreso que continúan
reclamando el cierre del SOA/WHINSEC.
Como se
ha indicado anteriormente, los paramilitares dependen del
tráfico de drogas--lo apoyan y amplían su alcance. Esta
dependencia ha creado una contra-reforma agraria llena de
graves consecuencias para el carácter social de
Colombia, especialmente para las poblaciones indígenas.
De la misma manera en que las cosechas de coca se
expanden a través de la región, las selvas tropicales
se arrasan a un ritmo desenfrenado. Las plantas
medicinales y las cosechas indispensables de los
indígenas están siendo desplazadas y suprimidas por la
excesiva introducción de cultivos de coca y por las
fumigaciones que las destruyen. Otro insidioso abusador
en este maléfico juego son las compañías
farmacéuticas, quienes han patentado plantas medicinales
y medicinas descubiertas originalmente y usadas
tradicionalmente por las comunidades indígenas. Mientras que las compañías
ganan millonadas con las plantas y medicinas, se advierte
a los indígenas que no es permitido elaborar o compartir
sus medicinas tradicionales, ya que ahora los grupos
farmacéuticos de los EE.UU. las han patentado.
Un
Vivir Sostenible: Además, la gente indígena, que era
una vez la mayoría de la población en regiones tales
como el Putumayo, ahora son una inferior minoría.
Aquella gente que emigra a la región ven a la coca como
una fuente valiosa y sustentable de renta. Tres a cuatro
generaciones de campesinos han trabajado los campos de
coca, y para algunos, ésta es ahora la única forma de
vida que conocen. Ésta es una de las razones por las
cuales los paramilitares se han hecho tan fuertes; los
campesinos no desean perder un ingreso fácil. La coca es
uno de los pocos cultivos que se puede cosechar cuatro
veces al año, y que garantiza una continua fuente de
renta; genera casi 3 veces más dinero
que el café y 10 veces más que todos los otros
cultivos; en total su precio ha sido estable durante los
últimos 5 años, y puesto que el narcotraficante viene a
buscar coca de los cultivadores, los campesinos no tienen
que molestarse con transportar productos que pueden
podrirse en ruta al mercado.
Los
paramilitares, quienes son alentados por el ejercito
colombiano, utilizan terror contra el pueblo para
garantizar su lealtad y ayuda. Juzgan a todos, si es
partidario activo, pasivo, o simplemente presumido, de la
guerrilla, como un enemigo que debe ser destruido, y usan
matanzas selectivas, así como masacres, para generar
terror absoluto en la población civil.
Durante la
última década, las fuerzas paramilitares, actuando a
menudo en conjunto con el ejercito oficial, han sido
responsables por la gran mayoría de masacres en
Colombia. El número de víctimas a manos de
paramilitares creció de 30 en 1997 a más de 500 en
2000, incluyendo 75 masacres - esto ocurrió
paralelamente con la disolución de la cláusula de
derechos humanos en el Plan Colombia. Desde el "alto
de fuego" de diciembre de 2002 los grupos
paramilitares han matado o desaparecido a más de 2.300
civiles. Las "detenciones arbitrarias" por los
militares y la policía sumaron 2.869 entre 1996-2002.
Entre agosto de 2002 y agosto de 2004 estos números
también saltaron substancialmente a 6.332.
Explotación
Sistémica:
Con millones de dólares generados anualmente en el
comercio de drogas, los traficantes han adquirido grandes
territorios en la región amazónica que tradicionalmente
fueron poseídos y ocupados por grupos indígenas. Aunque
muchos indígenas no tienen títulos
"oficiales" para la tierra, por ley son
protegidos bajo su "derecho perpetuo a tierras
ancestrales." Desafortunadamente, estas leyes en
gran parte han sido ignoradas por el gobierno colombiano,
que también ha concedido impunidad completa a quienes
están implicados en el desalojamiento violento de
indígenas de sus tierras. La posesión de tierras es una
de las formas de lavar dinero de la droga; asegurando
también que las tierras estarán siempre disponibles
para el cultivo de coca. Según las cuentas del mismo
gobierno colombiano casi el cincuenta por ciento de la
tierra arable del país está en manos de paramilitares y
narcotraficantes. Otros medios de lavar dinero incluyen
redirigir recursos a la industria maderera, la
ganadería, y el petróleo. Esto no sólo asegura el flujo
de capital, pero también sirve para ampliar la red y el
poder de las fuerzas armadas regionales. Finalmente las
fortalece para intensificar la violencia contra los
pobres, lo que resulta en miles de personal torturadas,
matadas y desalojadas de su tierra cada año. Debido a la
violencia se calcula que aproximadamente 300.000 personas
emigran de sus hogares cada año, y se estima que desde
2000, más de 2 millones de colombianos y colombianas han
sido desplazados. Estas cifras colocan a Colombia en
segundo lugar, solamente después de Sudán, en
dislocaciones forzadas en el mundo.
Finalmente
el motivo de los grupos paramilitares es
"limpiar" la región, especialmente la
población indígena, provocando una migración masiva de
todos, salvo partidarios leales, y por cualquier medio
necesario. Entonces infiltran a los informadores de los
paramilitares quiénes extorsionan a la población
restante con pagos por servicios de
"seguridad". El incumplimiento de pago es
considerado como colaboración con la guerrilla y acaban
por ejecutar, torturar, y masacrar a los
"culpables" públicamente.
Además de
ser un movimiento nacional contra los rebeldes, el grupo
coordinador de los paramilitares está tomando pasos
hacia un reconocimiento político oficial, y ha utilizado
las negociaciones con los grupos de guerrilla para
intentar legitimizar su situación. Muchos ven este
esfuerzo como una forma de encubrir sus acciones
criminales bajo la falsa declaración de querer construir
una alternativa política. Es particularmente preocupante
la amnistía que el presidente Uribe ha presentado a las
fuerzas paramilitares a cambio de desarmarlas. Cuando
este plan recibió fuertes críticas internacionales y no
encontró suficiente apoyo, Uribe anunció que 15.000 a
20.000 ex-paramilitares trabajarán como "asistentes
civiles" de la policía y que sus responsabilidades
incluirían patrullar las carreteras y realizar otras
tareas públicas para mantener el orden.
El camino menos usual: Una mejor comprensión de la
realidad colombiana es esencial--especialmente para
nuestros Congresistas quienes no entienden completamente,
o han decidido desatender los graves resultados de las
fumigaciones y de crear alianzas con grupos terroristas.
En vista de su historial de votos parece que muchos en el
Congreso no han considerado los efectos socioeconómicos,
así como el grado de violencia ecológica y humana que ha resultado de la
asignación de cientos de millones de dólares anuales a
este fragmentado país a través del Plan Colombia.
¿Cómo puede el gobierno de los EE.UU. justificar el
envío de $5 mil millones a uno de los países más
corruptos y más violentos del mundo? Obviamente no
aprendimos nada de los eventos del 2001, cuando a pocos
meses de los ataques del 11 de septiembre EE.UU. se
entregó la suma de $45 millones al Taliban para combatir
la producción del opio en Afganistán. Se cree que ese
opio fue simplemente almacenado y luego inundó el
mercado de los EE.UU. haciendo la droga aún más
accesible debido a su bajo precio.
La "Guerra Contra la Droga" ha reemplazado al
"comunismo" como el "cuco" nuevo.
Nadie en Colombia permanece engañado sobre los intereses
del gobierno de los EE.UU. y pronto, con continua
educación, el engaño también será hecho transparente
en los Estados Unidos. El problema de la droga no es un
problema colombiano; el problema reside en el lado de la
demanda de los EE.UU. y debe ser tratado como tal. El
Congreso debe reexaminar la aplicación de fondos y poner
mayor énfasis en programas en nuestros centros urbanos y
prisiones, programas que ayuden a drogadictos a acabar
con su adicción. Además, deben parar inmediatamente la
dispersión anual de millones de dólares a corruptos y
despóticos militares - que inevitablemente llega a las
manos de núcleos terroristas - y deben admitir el
fracaso del Plan Colombia para que nunca se repita.
Ver Mas Allá del Banco: el RAND Corporation, un grupo de
investigación basado en California, divulgó que, dólar
por dólar, proporcionar tratamiento a adictos de
cocaína en los Estados Unidos es diez veces más eficaz
que programas de encarcelamiento y 23 veces más rentable
que intentar suprimir la coca en su fuente. También
observaron que por cada $1 utilizados en rehabilitación
y tratamiento, $7 son ganados en la disminución de los
costes jurídicos de origen criminal. Uno solo puede imaginarse que se
podría haber logrado para los adictos en los EE.UU. con
$5 mil millones, para sus familias y para las comunidades
afligidas por la adición y la violencia.
Repetidamente, desde las comunidades de base hasta los
oficiales de mayor nivel del gobierno colombiano, se nos
explicó con claridad que las fumigaciones son una
imposición de los Estados Unidos. No importa cuántas
hectáreas de coca son destruidas por las fumigaciones,
porciones adicionales de selvas tropicales (mínimamente
el doble de lo destruido anteriormente) serán cortadas
para continuar el flujo de la droga. Cuando todo se
acabe, cuando se exterminen las plantas medicinales, y
cuando el pueblo indígena halla sido matado o desalojado
de sus tierras - que quedará? Solamente el suelo
estéril del cual las compañías petroleras y otras
multinacionales tendrán acceso libre para concluir su
aniquilación de la Amazonía. Antes de concluir nuestra
reunión con la embajadora Patterson planté este
panorama a ella y le pregunté cuál sería su respuesta
si el ecosistema de Colombia fuese destruido y la
producción de la coca simplemente trasladada a un país
vecino. Su respuesta fue corta: "Bien, por lo menos
ya no será mi problema."

Muchos campesinos, así como el anterior vice presidente
de Colombia, Gustavo Bell, apoyan la extirpación manual
de la coca. Se calcula que un trabajador puede levantar
manualmente una hectárea de coca en 10 días. Incluso
muchas personas que actualmente cultivan coca apoyan este
programa--mientras puedan ganar un salario adecuado para
ellos y sus familias, y son protegidos contra las
amenazas y asaltos de los narcotraficantes.
Desafortunadamente, el programa patrocinado por el estado
que ahora esta en marcha como una
"alternativa", paga al campesino solamente
$1.000 y otorga un plazo de solamente un año para
suprimir la coca y producir una cosecha alternativa.
Cualquier persona con un conocimiento básico de la
agricultura, y especialmente una comprensión de los
suelos en la región, afirmará que es absurdo pensar que
esto se puede realizar con éxito en un período tan
corto y que puede ser sostenido a largo plazo sin ayuda
posterior. Mayor financiamiento, tiempo, asistencia
técnica y una paz duradera son las piezas necesarias
para que este plan funcione. El conocimiento de los
suelos, de la rotación de cosechas, e incluso de
básicas técnicas agrarias tendrán que ser
re-enseñados, puesto que la memoria histórica de muchos
de los campesinos cultivadores de coca se basa solamente
en esa cosecha.
Además, a pesar de que la planta
de coca prospera en las selvas, esta región no está
bien adaptada para la mayor parte de cosechas. Y la mayor
parte de la tierra que fue regada con Round-Up seguirá
siendo estéril, o requerirá varios años para
regenerarse. Las selvas tropicales son compuestas
especialmente por arcillas que tienen una capa orgánica
muy fina que funciona como el suelo arable. Esta capa
depende del manto de follaje del "techo" de la
selva, que le ofrecerá un reciclaje continuo de
materiales y de alimentos orgánicos. Mientras que la
capa orgánica sostiene y alimenta el suelo arable, el
techo proporciona protección contra las pesadas lluvias
y el calor. Sin embargo, si las lluvias ya no son
interceptadas por el follaje del bosque, la capa
nutriente no sólo llega a ser altamente susceptible a la
erosión, sino que el ciclo de vida se deteriora
rápidamente y la tierra se convierte incultivable. El
uso de las técnicas de quemar bosques, usado con
frecuencia por los campesinos para abrir espacios para
sus cosechas, es también un método muy invasivo que
disminuye la sustentabilidad de la tierra. Para ayudar a
mantener la solidez de la región, es vital incorporar y
apoyar sistemas de agricultura sostenible, y proporcionar
la asistencia técnica a los campesinos para asegurar que
esto suceda. Sino, a medida que la destrucción y
aniquilación incontrolada del ecosistema continúe,
Colombia, que tiene la diversidad más grande de fauna y
flora en el mundo, continuará perdiendo especies de
plantas y de animales a un ritmo descontrolado. Un líder
indígena indicó: "Estamos acostumbrados a que nos
exploten y ataquen [por los EE.UU.], pero ahora se matan
a ellos mismos quitando los pulmones del mundo."
Otros hicieron la súplica: "Les pedimos, sean
nuestra voz
no sólo nos están desplazando, nos
están exterminando."
Cada
uno puede ayudar: Una continua presión debe ser
montada para promover la extirpación manual de la coca y
el desarrollo de cosechas alternativas. El Plan Colombia
está destruyendo la Amazonía, los verdaderos
"pulmones" del mundo. Este ha tenido un efecto
devastador sobre la gente más pobre de la región, los
campesinos y la población indígena. La oposición en
los Estados Unidos, Colombia y en muchos otros países
continúa creciendo rápidamente. La realidad que
Colombia no está convirtiéndose en un nuevo El Salvador
o un nuevo Vietnam sino que ya es el infame "Plan
Colombia" continua a despertar conciencias para que
la gente actúe contra ello.
Por favor
entre en contacto con su congresista local y utilice su
voz para insistir que todos los fondos propuestos para
Plan Colombia vayan a la restauración de la paz en la
región, la ecología de la Amazonía, para el desarrollo
social y los programas agrícolas sostenibles que
enriquecen, y no destruyen Colombia, así como para
programas de rehabilitación en los Estados Unidos.
Muchas
gracias a Adam Isacson y al Center for International
Policy por su continua investigación. Por favor visite: www.ciponline.org para aprender cuales son los
efectos de la política internacional estadounidense
sobre los derechos humanos en América Latina y Asia.
Para
mayor información sobre la Escuala de las Americas
(SOA)/ WHINSEC visite: www.soawne.org / www.soaw.org
Optical Realities
|